LEYENDA DEL CERRO DE LA MATANZA

 

De acuerdo a versiones obtenidas por moradoras radicados en la comunidad, existe la probabilidad o creencia, que anteriormente en ese lugar habitaba (Zona montañosa en ese entonces) una gran cantidad de puercos sajinos y que las personas salían de casería matando a un gran número de cerdos, derivándose así el nombre que hoy lleva; otra de las versiones que posiblemente se derive el nombre de matanza es porque ahí era el punto de encuentro de los combates de los guerreros cañarís contra sus enemigos.     

 LEYENDA DEL CERRO DE DUCHUN

Cuentan, que cierto día lluvia mucho y se perdió un toro, vino un hombre en busca del toro al cerro de Duchun. Era ya tarde cuando un rayo muy brillante izo que este hombre cerrara los ojos y al abrirlos el hombre se encontró dentro del cerro, allí se encontró con una mujer gorda y zuca. Esta mujer cogió al hombre y le mostro todo lo que adentro había: toda clase de alimentos, frutas, caña de azúcar, maíz y gran cantidad de ganado. Luego de recorrer el cerro “Mama Duchuin”le presento a sus hijos, los mismos que le pidió al hombre que recogiera todo lo que quisiera, que ellos le regalaban, pero sabía que si recogía, se quedaría dentro del cerro y que si ella misma cogía y regalaba el saldría de ahí, entonces en hombre no cogió nada.

Mama Duchun, le regalo dos mazorcas del cerro que las metió en el bolsillo y le advirtió que no las sacara de los bolsillos antes de llegar a la casa. El hombre volvió a cerrar los ojos y al darse cuenta ya estaba fuera del cerro, se toco los bolsillos y las mazorcas estaban ahí, aunque trato de sacarlas no pudo. Llego hasta su casa, saco las mazorcas y las coloco en el calor de la casa, luego de algunos meses, cayo un rayo sobre la casa de este hombre y las mazorcas desaparecieron.

LEYENDA DEL VIEJO DEL CERRO DE CERCAPATA

Hace mucho tiempo al pie del cerro Cercapata, un joven caminaba quejándose de su pobreza. Miraba hacia los sembríos maduros de cebada y decía “Que hermosa crece la cebada, pero ¡hay! Nunca será mía. Miraba los huacharos de papas (surcos) y decía “que florida están las matas de papas pero ¡hay! Pero no podré hacer humitas y chiviles-, miraba las ocas, mellocos, habas, frejoles.

Así el joven iba quejándose de su poca suerte y su fortuna camino y camino cansado y rendido cayo y se acomodó cerca de una gran piedra llena de musgo en frente  del declive del cerro, se hallaba sumido en la tristeza, cuando de pronto escucho un rugido que parecía salir del interior del monte, como por arte de magia o milagro apareció un pequeño hombrecito de resplandeciente sombrero de lana cushma, pantalón de lana y trenza blanca y ozhotas (zapatos).

El viejito acercándose al joven le pregunto ¿Por qué te quejas joven? Él le respondió, - soy muy pobre y no se hacer nada, ninguna muchacha querrá casarse conmigo por mi pobreza y la falta de habilidad.- El viejito le dijo al joven, que pensará que le gustaría ser, si sembrador, si fabricante si alfarero, si curandero.

-Sembrador me gustaría, pero debería madrugar cuidar el sembrío me fatigaría mucho.-

- Fabricante de ponchos fajas querría ser, pero me dolerá la espalda.-

-Alfarero no es mucho trabajo.-

- Curandero mas bien. Quisiera saber los secretos de los montes y sanar a la gente.-

El pequeño viejo le tomo de la mano y lo subió al cerro para indicarle cada uno de las propiedades de cada planta de hojas, flores y raíces que alivian el dolor de cabeza del estómago, del mal aire o espanto, o la enfermedad del arco iris y urco japina cogida del cerro.

El hombrecito le dijo, que sabía curar todo mal y desde entonces adquirió una fortuna incalculable. Salía de su casa para ayudar a las personas que necesitaban de sus curaciones, llegaba hasta los poblados acompañado de un pequeño tambor, hombres y mujeres decían –llego el curandero-. El prescribía a cada cual según su enfermedad, las flores hojas raíces y tallos que lo aliviarán en un santiamén y sus concejos nunca fallaban, lo agradecían con dinero, ropa, comida, animales, etc.

Feliz y contento, salió en busca de una mujer para que sea su esposa. Escogió y enamoro a una hermosa muchacha. Pronto se casaron entre cohetes, música de bombos y rondadores. El joven dichoso de su suerte continuaba recorriendo los caminos y ferias para sanar a los enfermos, así paso el tiempo, pero su mujer era muy curiosa. Un buen día decidió preguntar al marido como aprendió los poderes curativos de las plantas. El joven no lo quería contestar porque le había prometido al pequeño hombrecito no revelarle el secreto, pero la mujer insistía para que le revelara, pero al fin con los vasos de chicha, se le soltó la verdad y acabó contándole lo prometido. Desde de aquel día, el joven perdió el poder de curación. Se lamentaba el joven por lo que había hecho.- Por mi lengua he pedido el poder de curar, volveré hacer un pobre desgraciado.- En ese momento volvió a aparecer el viejito y le dijo.- no cumpliste con lo prometido y has perdido las facultades de curaciones que te di.- Luego le pidió perdón por lo que había hecho y el viejito le dijo no cumpliste tu promesa, pero por tratarse de tu mujer, con la cual siempre puedes confiar, te voy a devolver un poco de sabiduría.

El viejito le devolvió una parte de las facultades de curación para que pudiera subsistir pero le recordó que “hay que cumplir fielmente lo prometido y que es necesario ser discreta en la vida”

El joven aprendió la lección y continúo con su trabajo, pero ya no era como antes, no volvió a poseer el prestigioso don de sanar.

 

 

 


     

HOY 4

SEMANA 63

MES 180

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